Formentera › Historia

Formentera es una tierra pequeña pero de memoria larga. Su historia es la de una isla expuesta al mar abierto: habitada, abandonada y vuelta a poblar una y otra vez al ritmo del Mediterráneo. Los primeros pobladores La presencia humana estable está documentada desde finales del tercer milenio a.C. El sepulcro megalítico de Ca na Costa (hacia 2000–1600 a.C.) es el monumento más emblemático de aquella época y uno de los más importantes de las Baleares: un túmulo funerario colectivo que revela una comunidad organizada mucho antes de lo que se pensaba. En el extremo sur, los poblados de Cap de Barbaria I, II i III conservan cabañas y recintos de piedra de la Edad del Bronce. Fenicios, púnicos y romanos Durante la Antigüedad, fenicios y púnicos frecuentaron sus costas y, con Roma, la isla quedó vinculada a Ebusus (Eivissa). De aquella etapa procede el nombre latino Frumentaria —«la isla del trigo»—, en alusión a su papel como granero. El yacimiento de Can Blai , una pequeña fortificación ( castellum ) de época bajoimperial, es el principal vestigio romano que se conserva. De al-Ándalus a la Corona de Aragón Tras siglos de presencia andalusí —que dejó huella en topónimos, pozos y sistemas de cultivo—, las Pitiüses fueron conquistadas en 1235 por las tropas de Guillem de Montgrí e integradas en la Corona de Aragón . La isla despoblada Entre los siglos XIV y XVII, Formentera quedó prácticamente deshabitada . La peste, las malas cosechas y, sobre todo, los ataques continuos de la piratería berberisca hicieron imposible la vida estable: la isla se aprovechaba como pastizal y salina desde Eivissa, pero nadie se atrevía a residir de forma permanente. La repoblación del siglo XVIII El renacimiento llegó a finales del siglo XVII : en 1697 , la Corona concedió a Marc Ferrer el derecho a repoblar la isla. Los nuevos colonos, llegados de Eivissa, levantaron iglesias-fortaleza —como la de Sant Francesc (1726), concebida también como refugio— y una red de torres de defensa costeras (sa Gavina, des Garroveret, des Pi des Català, de la Punta Prima) para vigilar el horizonte. Pozos, norias y aljibes hicieron por fin habitable una tierra de poca agua. Del campo a la sal Durante el siglo XIX y buena parte del XX, Formentera vivió de una economía de subsistencia: trigo, higueras, viña, ganado y pesca y, sobre todo, la sal de Ses Salines , que llegó a ser su principal fuente de ingresos. La dureza de la vida empujó a muchos formenterenses a emigrar. Los hippies y el giro al turismo En los años 60 y 70 , su aislamiento y su belleza desnuda atrajeron a artistas y viajeros de la contracultura : la isla quedó ligada para siempre al espíritu bohemio de aquella época. Desde entonces, el turismo se convirtió en el principal motor económico y transformó la isla sin borrar del todo el carácter sereno que la hace única. Hoy Formentera apuesta por un modelo sostenible que protege precisamente aquello que la hizo famosa: sus aguas limpias, sus praderas de posidonia y su calma.