Inaugurada y consagrada el 30 de junio de 1889, es la más pequeña de las tres parroquias históricas de Formentera. Construida en gres y argamasa de cal, fiel a la arquitectura tradicional pitiusa, está dedicada a San Fernando y fue declarada Bien de Interés Cultural en 1996. Preside el casco histórico del pueblo, epicentro del ambiente bohemio que en los años setenta reunió a hippies en la legendaria Fonda Pepe. La visita dura pocos minutos. La plaza se anima con mercados artesanales y música en vivo.